A lo largo de los nueve meses de gestación e incluso antes, todas las mujeres afinan sus hábitos alimenticios y dietéticos para procurar tener un embarazo lo más saludable posible. Esto supone incluir nuevos alimentos en la dieta y eliminar algunos otros.
Durante años, el café ha sido una bebida que desde algunos ámbitos se ha intentado eliminar por completo durante los meses de embarazo. En algunos casos incluso se ha llegado al extremo de comparar la ingesta de café con la de alcohol o con el tabaquismo. Pero, ¿hay motivos científicos que justifiquen esta visión?
La cafeína es un alcaloide con propiedades psicoactivas y estimulantes. La molécula de cafeína es la misma que la guaranina (presente en el guaraná) y la teína (presente en el té).
La presencia de la cafeína a lo largo de la historia de la Humanidad es antigua y en muchas culturas, muy persistente. A partir del siglo XIX, con la mayor interconexión del comercio mundial, el té y el café se convierten en dos de las bebidas más populares y extendidas del mundo.
Por tanto, el análisis de sus efectos no es nuevo, sino que lleva realizándose décadas y no hay verdaderos motivos para el alarmismo.
Como es obvio, una embarazada debe consultar con su médico de confianza los riesgos inherentes a su embarazo, previo chequeo y análisis. Pero una mujer con una salud normal y que tome café con moderación, no tiene por qué eliminar por completo el café de su dieta.
La mayoría de los mitos acerca de la peligrosidad del café se basan en condiciones médicas previas de las embarazadas, como la hipertensión o en condiciones médicas sobrevenidas como la diabetes gestacional.
También se utiliza la contraindicación de la cafeína con algunas medicinas, pero ese no es un problema achacable a la cafeína en sí y lógicamente es algo que el médico de la embarazada debe supervisar.
Otros motivos que han causado esa mala prensa de la cafeína es porque muchas bebidas energéticas y azucaradas contienen cafeína y no se recomienda tomarlas durante la gestación. Pero esa recomendación se debe más a las otras sustancias contenidas en esas bebidas (taurina, excitantes artificiales y gran cantidad de azúcares procesados y endulzantes sintéticos) que a la cafeína en sí.
Algunos estudios señalan que no hay riesgo alguno para el embarazo si no se superan los 300 mg de cafeína al día. Otros hablan de 200 mg y de 150 mg. Dependerá de los hábitos de la mujer, de su salud, medicación y constitución.
El café, además, tiene efectos diuréticos, por lo que puede ser beneficioso en algunas fases del embarazo siempre que se tome con la precaución indicada.
En definitiva, llevar un embarazo feliz y sano depende de muchas cuestiones. Conviene huir de los radicalismos prohibicionistas y centrarse más en las recomendaciones médicas personalizadas según las características de cada embarazada.
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María José Madarná
Editora del blog Maternidad fácil
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